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"PUMPKINHEAD: PACTO DE SANGRE" (1989) Entretenida fábula de venganza

[RESEÑA] Un granjero invoca a un antiguo demonio con cabeza de calabaza para vengarse de quienes atropellaron a su único hijo.

En los ochentas no había nada más emocionante que ir los fines de semana a rentar películas en VHS.

En Guatemala no existían grandes cadenas como Blockbuster o Macro Video Centro, pero sí infinidad de clubes de barrio que tenían un impresionante surtido de películas de todos los géneros, pirateadas por supuesto.

Si bien la imagen de las películas era pésima, con colores lavados y definición casi nula (siempre me pregunté cuántas veces se había copiado la película desde su copia original), he de reconocer que me proveyeron incontables horas de felicidad y desvelo.

Gracias al Mario Bros Video Club de la zona 5 capitalina tuve acceso a la obra de maestros como Roger Corman, Dario Argento y aprendí a apreciar el talento actoral de estrellas ignoradas por el mainstream como Michael Dudikoff, Cinthya Rothrock o Lance Henriksen, este último todo un actor de culto en el circuito del terror y la ciencia ficción.

Precisamente el buen Lance es el protagonista de esta gema menor del miedo ochentero, "Pumpkinhead: Pacto de sangre", un relato de venganza, paternidad y superstición campirana.  

DE LA TRAMA
Ed Harley es un granjero viudo y padre amoroso del pequeño Billy. Se gana la vida con un pequeño almacén de abarrotes y herramientas que tiene a la orilla de la carretera.

Un día llega un grupo de jóvenes citadinos que van camino a una cabaña para practicar motocross. Pasan por el almacén a comprar abastos y uno de ellos decide practicar un poco con la moto.

Por desgracia termina atropellando al niño y lejos de ayudar, decide huir. Detrás de él se van los demás y dejan a Billy tirado en el campo.

Cuando Ed se da cuenta, se lleva al pequeño a su casa, donde este muere. Ciego de dolor, decide consultar a una anciana que vive en lo más profundo del bosque para consumar su venganza en contra de quienes abandonaron a su hijo.

Invoca a un antiguo demonio conocido en la región como Pumpkinhead, el cual irá detrás de los jóvenes para asesinarlos uno por uno y de formas creativas, eso sí. 

Con lo que no contaba Ed es que él puede sentir y ver lo que hace Pumpkinhead por lo que se arrepiente de haberlo invocado, aunque quizás sea demasiado tarde.    



ASÍ LA VIMOS
Me encanta regresar en ocasiones a mi adolescencia y revisitar estas películas, hechas con poco presupuesto pero mucho amor al género.

Es cierto, la historia es bastante simple y lineal para los estándares actuales. Uno se pregunta cómo diablos un padre decide consultar a una bruja en lugar de llevar a su hijo moribundo al hospital más cercano.

Pero en aquellos días no mirábamos las pelis por su argumento sino por sus efectos especiales impresionantes. Bueno, ahora también... aunque siempre he pensado que los efectos digitales le han quitado el alma a este tipo de películas.

Cuando  Pumpkinhead entra en acción uno no deja de sorprenderse de lo complicado que ha de ser darle vida a una marioneta de más de dos metros de altura. 

El detalle de sus expresiones faciales es impresionante. No por algo su director es Stan Winston, mago de los efectos especiales.

Pero la película no descansa sólo en su artificio titiritero. La intensidad con la que Lance interpreta a un padre desolado y lleno de dolor, le llega a uno al corazón.

El mito de una calabaza vengadora alcanzó para producir tres entregas más que no tuvieron el impacto de la primera.

No es un filme perfecto, pero alcanza para tenernos entretenidos una tarde lluviosa o bien como parte de una maratón de pelis en noche de brujas. 
    
 


¿Ya la vieron? ¿La verán? ¿Qué opinan?