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"LA NOVIA DE FRANKENSTEIN" (1935) De esos clásicos que no mueren

[RESEÑA] El monstruo ha sobrevivido y regresa para reclamarle una compañera a su creador, el atormentado doctor Frankenstein.

¡Qué gran regreso a mi infancia! Sentí como que tenía seis o siete años otra vez, como cuando los sábados por la noche me sentaba frente a un viejo televisor b/n Zenith de 12 pulgadas, en la casa de mi abuela.

Ver estas viejas películas de los monstruos de la Universal en mi infancia, fue precisamente el detonante para convertirme en un junkie del cine de horror y ciencia ficción. ¡Es la razón de ser de este blog!

Revisitar estos clásicos en la adultez nos permite apreciar estas películas desde otro ángulo, más allá de la fascinación infantil por los monstruos.

En el caso particular de "La novia de Frankenstein", estamos ante una secuela que supera a su antecesora en atmósfera, historia y puesta en escena.

LA TRAMA 
La película inicia donde termina la primera parte, con el monstruo atrapado en un incendio en el molino y el buen doctor dado por muerto.

La turba se asegura de que el molino se consuma hasta sus cimientos pero lo que no saben es que el monstruo está escondido en un pozo subterráneo y sobrevive.

También el doctor Henry Frankenstein ha sobrevivido y su prometida Elizabeth lo cuida en su convalecencia. Henry está arrepentido de haber jugado a ser dios pero todo cambia con la visita del misterioso doctor Pretorius, un antiguo maestro suyo en la universidad.

Pretorius también está obsesionado con experimentos que le permitan crear vida y convence a Frankenstein para que le ayude. Mientras tanto, el monstruo ha encontrado refugio con un pastor ciego quien le enseña a hablar.

No cabe duda que el conocimiento es poder y ahora que la criatura puede hablar y razonar entiende que es único en su especie así que va detrás del doctor Frankenstein con la idea de que le construya una pareja, para no sentirse tan solo. 
          
ASÍ LA VIMOS
"La novia de Frankenstein" es mucho más que una película de horror. Se trata de una obra en la que se conjugan drama,  humor e inconformidad social.

Su director James Whale gozó de total libertad creativa para esta producción. Realizó importantes cambios como el prólogo en el que vemos a Mary Shelley, autora de la novela "Frankenstein", junto a su esposo Percy y Lord Byron, en una noche de tormenta, discutiendo sobre la suerte del monstruo luego de quedar atrapado en el molino. 


Le dio una ambientación más gótica a los escenarios en los que se desarrolla la historia y hace una crítica sutil al conservadurismo religioso de la época, como cuando el monstruo derriba la estatua de un obispo en el cementerio o lo presenta casi crucificado por una turba.

Al final, uno termina teniendo compasión por el monstruo, quien no logra conseguir su cometido de que lo dejen vivir en paz. Por cierto, esta es la única película de la saga clásica de Frankenstein en la que el monstruo habla. 

Un filme entretenido de cabo a rabo, imprescindible para quienes presumen de ser cinéfilos delirantes.  
 
 


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