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"KING KONG" (1976) Recuerdos de una niñez vivida en los setentas

[RESEÑA] Una expedición petrolera se encuentra con un gorila gigante en una isla perdida en el tiempo y deciden llevarlo a Nueva York para exhibirlo como... em.. mono de feria.


Con el reciente estreno de "Kong: La isla calavera", no puedo menos que sentirme nostálgico. King Kong es uno de los personajes más icónicos y queridos del cine y cada generación tiene su propia versión de la historia.

¿La mía? Precisamente la protagonizada por Jeff Bridges y Jessica Lange a mediados de los setentas, producida nada menos que por Dino DeLaurentis y dirigida por John Guillermin.

Me van a permitir una dosis de nostalgia, pues hablar de esta peli es remontarme a una época en la que empezaba a descubrir el cine a mis seis añitos de edad.

Era un tiempo en el cual no había ningún peligro en que un niño fuera solo al cine. No existían los multicines, ni siquiera los centros comerciales. Las salas eran complejos elegantes y hasta los cines de barrio tenían su encanto. 

En mi colonia, en la zona 5 de la capital guatemalteca, existía el cine Moderno, con arquitectura Art Deco y balcones estilizados. O el Olimpia, un cine de obreros, cerca del mercado La Palmita, con cómodas butacas y un lobby amplio, al que me gustaba ir por su precio y porque tenía grandes vitrinas con posters y lobby cards de las películas que exhibían.
 
Fue ahí precisamente donde ví esta película infinidad de veces en matinal. Los domingos a las 10 de la mañana pasaban programas dobles y cuando exhibían "King Kong" ahí estaba yo haciendo cola para entrar.  

Casi siempre la ponían junto a "Orca la ballena asesina", otro de mis placeres culposos de mi infancia. Por 25 centavos podía ver ambas películas comiendo tostadas o saliendo al intermedio al mercado para comprar fruta con pepita. 

No había emoción como la de ver difuminarse las luces de la sala mientras los cortinajes se iban corriendo de a poco en la pantalla del cine. Apuesto a que los delirantes más jóvenes ni se imaginaban que los cines de antes tenían telones. En fin, entremos en materia.

DE LA TRAMA

¿Cómo ofrecer una nueva versión de una película casi perfecta a la que no le sobra ni le falta nada? Bueno, apostándole al espectáculo. Al menos esa fue la intención de DeLaurentis con "King Kong".

Acá se deja de lado el glamour de los años treintas y se intenta ponerle un tono serio y sombrío a la trama. 

En lugar de un obsesionado cineasta que quiere filmar una película en un lugar exótico, tenemos a Wilson, un avaricioso agente de Petrox, una compañía petrolera que busca desesperadamente un yacimiento para competir en tiempos de crisis energética.

En el barco viaja como polizón Jack Prescott (Bridges), una especie de ambientalista y antropólogo que sabe que el barco se dirige a una misteriosa isla, aparentemente nunca explorada por el hombre. Su temor es que los buscadores de petróleo puedan contaminar la pureza del lugar.

Ya en el barco, Wilson habla con su tripulación y les revela sus intenciones: Gracias a sobornos, ha conseguido fotos satelitales de la isla en las que hay indicios de la existencia del combustible fósil.

Jack se cuela en la reunión y es descubierto. Wilson cree que es espía de sus rivales petroleras pero está de acuerdo que Jack pague su boleto como fotógrafo oficial de la expedición. 

A medio camino encuentran a una mujer moribunda en una balsa inflable. Se trata de Dwan (Lange), una aspirante a actriz que se salvó de una explosión de un barco, siendo la única sobreviviente.

Wilson decide continuar con el viaje y se la llevan consigo. La química del amor surge entre Jack y Dwan, mientras llegan a la isla misteriosa. Allí se topan con una tribu de nativos que adoran a un misterioso dios simio al que llaman Kong.

Los exploradores tratan de tener un acercamiento con los aborígenes pero estos no se muestran amistosos. Para colmo, los supuestos yacimientos de petróleo no son explotables pues como dice uno de los expedicionarios, "todavía está a medio cocinar".

Los aborígenes se roban a Dwan para ofrecérsela a Kong y cuando los exploradores intentan rescatarla se dan cuenta que el suspuesto dios es un enorme gorila. Wilson decide llevarse al mono como premio de consolación para exhibirlo en Nueva York... El resto de la historia... bueno, ya es conocido.
        
ASÍ LA VIMOS 
Guillermin hace un impecable trabajo con la historia. La actualización de la trama, situándola en una época actual.. bueno... en los setentas, le da cierto sentido de realismo. Sin embargo, los efectos especiales no están a la altura de la ambición del proyecto fílmico.

La película dura más de dos horas y aunque podría ahorrarse algunos minutos, en realidad tiene un ritmo adecuado, balanceando muy bien las escenas de acción con las del desarrollo de los personajes.

Para un niño de seis años ver a un simio gigante correr por la selva con una chica en la mano o trepando a las torres gemelas en Nueva York es un verdadero alucine. Ver de nuevo esas escenas cuarenta años después... es otra cosa.

A leguas se nota que se trata de un tipo con un traje de gorila caminando entre miniaturas. Pero a diferencia de las películas de Godzilla, se nota el esfuerzo y la inversión que se hizo para dotar de realismo a estas secuencias.

Hay un par de escenas en las que se usa un gorila mecánico de tamaño real, obra de Carlo Rambaldi, pero su escasa movilidad nos da la razón por la que Guillermin se decantó al final para usar a un tipo disfrazado. Son fáciles de identificar, cuando King Kong se escapa de su jaula en Nueva York.

El filme intenta dar un manifiesto ambientalista para nada sutil pero seamos honestos, uno va a ver este tipo de películas para ver ciudades destruidas por un monstruo gigante. Ah, y por supuesto, para ver a la guapa Jessica Lange con poca ropa y el cuerpo mojado... em, a mis seis años talvés no.

Las secuencias del enorme gorila en la cima del WTC quizás no tengan la emoción que le imprimió Peter Jackson a su versión de 2005, pero logran conectar con el público, provocando la simpatía necesaria con el mono.  Impresionantes son las tomas en locación, pues la fotografía nos ofrece postales espectaculares de la isla. 

Por cierto, hubo una secuela, "King Kong vive" a mediados de los ochentas pero que pasó sin pena ni gloria. Ni se molesten en buscarla.


 
EN RESUMEN
¿Vale la pena verla? Si nos gustan las películas de monstruos gigantes destruyendo edificios a su paso, es imprescindible.

¿Es mejor que la versión original o la de Peter Jackson? Eso es discutible. Nada supera al producto original y es obvio que la versión de 2005 cuenta con lo último en tecnología de efectos especiales, pero esta se defiende muy bien.

Quizás el pecado de esta versión setentera es que se aleja demasiado de la historia original cambiando nombres de personajes y ambientándola en un contexto capitalista-empresarial. Pero bueno, no es "King Kong versus Godzilla" tampoco, que también es otro de nuestros placeres culposos de la niñez.

Como curiosidad, les contamos que gran parte de los efectos y los trajes y maquillajes del mono son obra de Rick Baker.




¿Ya la vieron? ¿La verán? ¿Qué les pareció? Nos dará gusto saber su opinión.