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"JACKIE BROWN" (1997)

[RESEÑA] El filme más “mada faca” de Quentin Tarantino

Probando el servicio de Netflix me topé con la pieza menos conocida del maestro Quentin Tarantino. Desde luego, la vimos de inmediato.

Primero, hay que hacer la advertencia de que la historia no es de su cosecha. Está basada en una novela de Elmore Leonard (los hipsters sabrán bien quien es él).

El filme abre con Jackie Brown (Pam Grier), una aeromoza cuarentona, que ve cómo la vida se le escapa sin esperanzas de un futuro mejor. Ella trafica droga y dinero para Ordell (Samuel L. Jackson), un vendedor de armas más casaquero que político guatemalteco.

Pero Ordell está en problemas. Uno de sus compinches, Beaumont, ha caído preso y teme que pueda soltar la sopa sobre sus ilegales actividades. Así que decide sacarlo del bote lo más pronto posible.

Para ello contrata a un agente de fianzas, Max Cherry (brillante actuación de Robert Foster), para tramitar la libertad de Beaumont. Lo que nadie se imagina es que Ordell planea eliminar a Beaumont al nomás salir de la cárcel.

Pero este ya le ha hablado a la policía de Ordell y de cómo Jackie trafica para él. Los azules (Batman... er.. Michael Keaton es uno de ellos) atrapan a Jackie y esta accede a colaborar para atrapar a Ordell a cambio de inmunidad.

Ordell le pide a Max que pague la fianza de Jackie y piensa hacer con ella lo mismo que con Beaumont. Pero la aeromoza es de armas tomar y tiene su propio plan para salir airosa y con pisto en la bolsa.

¿Quieren más enredos?

En una trama paralela, Ordell lleva a su casa a Louis (Rober DeNiro), un perdedor que acaba de salir de la cárcel, para integrarlo a su pandilla. Este no parece muy entusiasmado con volver a delinquir, pero hey, está duro conseguir trabajo honrado estos días.

Louis conoce a Melanie (Bridget Fonda), una de las novias de Ordell. Es una rubia más buena que el pan pero más droga que la palabra y de cascos muy pero muy ligeros.
Para no cansarlos y contarles toda la película, les diré que la segunda parte es la mejor, cuando Jackie urde un plan para entregar a Ordell a la policía y de paso, robarle medio millón de dólares.

Pero no son los únicos. Louis y Melanie también evalúan quedarse con la plata aunque el final de su alianza es inesperado.

Dos personas se roban el filme. Samuel L. Jackson, quien le da vida a Ordell, un negro que trata de “nigga” para arriba a sus semejantes y de “bitches” a sus semejantas. Y el otro es Robert Foster como Max, el agente de fianzas que inspira simpatía en medio de tanta manzana podrida. La escena cuando va oyendo un cassette de Los Deftones en su carro es invaluable.

Para musicalizar el filme, Tarantino hecha mano de canciones olvidadas en cintas y acetatos, pero con un tino increíble, pues logra crear una atmósfera funky que evoca al cine de explotación de los setentas.

Aunque la historia no da mucho para justificar violencia gratuita, Tarantino se las arregla para imprimir su sello con personajes parias y desadaptados en situaciones extremas. Eso sí, el manejo de cámara y de edición es de primer nivel.



En conclusión

-¿Recomendable? Sí, aunque el ritmo es muy lento a veces.

- ¿Se puede ver más de una vez? La obra de Tarantino es como las chelas, cada vez sabe mejor.

- Ah.. se me olvidaba.. ¿Sobre el servicio de Netflix? Decepcionante. Nos quedamos con los bucaneros.


COSAS QUE APRENDÍ VIENDO “JACKIE BROWN”

1) Samuel L. Jackson es el “nigga” más “mada faca” de Hollywood.

2) Sólo él puede maldecir a diestra y siniestra sin verse corriente.

3) En los noventas, a Bridget Fonda no le dolía nada.

4) Una combi de VW no es el mejor auto para huir

5) Un revolver .45 no es la mejor arma en el mercado, aunque la recomienden en “Chicas que aman las armas”

6) Tarantino tiene una fijación enfermiza con los pies descalzos

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